La Resolana, vivir para servir

La Resolana, vivir para servir

La Resolana, vivir para servir

Pocas veces nos hemos sentido mejor atendidos, y lo que es más importante, entendidos.

Aviso a navegantes: cada vez que hablamos de un restaurante del Aljarafe sevillano lo hacemos con ventaja porque acudimos a comer entre semana y de esa manera evitamos las bullas de los sábados y domingos. Pero también es cierto que los años que llevamos escribiendo esta sección nos han hecho poder diferenciar entre quienes se desviven por atender y quienes poco menos que te perdonan la vida por darte de comer. Pocas veces nos hemos sentido mejor atendidos, y lo que es más importante, entendidos. Y todo con una sonrisa franca, con naturalidad y sin aspavientos de maître empalagoso.

El sitio es francamente atractivo con una terraza exterior en la que sirven también tapas y un restaurante interior cuidado. VCon techos altos, lo que garantiza una buena acústica, y antigüedades diseminadas por sus vitrinas. ¿Y cómo definir su comida? Se podría decir que son inconformistas pero no temerarios. Conocen lo que tienen entre manos y evolucionan pero sin perder de vista ni dónde están ni la materia prima que espera quien va a visitarlos. Ensaladas, carnes a la brasa, revueltos, arroces se mezclan con propuestas más creativas. Comenzamos nuestra comida con una original ensalada de corazones de alcachofa y yemas de espárrago con piñones y ventresca, redonda pr el aceite que utilizan, por la originalidad de los piñones fritos y por la calidad de todos sus ingredientes.

Seguimos con un rollito de primavera pero en versión aljarafeña, corregido y mejorado, es decir, una pasta filo delgada que contiene zanahoria, puerro, carne de cangrejo, centollo y brotes de soja. Todo equilibrado y aunque parezca una contradicción, ligero pero contundente.

A continuación probamos uno de sus revueltos, el de bacalao que pasa la nota con un aprobado. Y nos llega la especialidad de la zona, que es la carne a la parrilla. ¿Cuánto tiempo llevábamos sin que la presa ibérica llegara al plato en su punto, que no pareciese una zuela de zapato? Aquí nos han demostrado que una carne de cerdo bien tratada puede quedar tierna y que no tiene que envidiar el punto que se le da al buey en muchos sitios. Si a eso le añadimos unas excelentes papas arrugás de acompañamiento la dicha es absoluta.

Aunque como decíamos al principio, la guinda del pastel aquí es el servicio, intenten no salir sin compartir una milhoja de nata cubierta de chocolate. Se irán con la misma sonrisa con la que seguro le han atendido.

Originalmente publicado en el ABC de Sevilla el 17 de septiembre de 2016

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